Revista Sputnik

Este blog está dedicado a la desaparecida revista soviética Sputnik.

COMO ENSEÑAN A ODIAR A LOS RUSOS

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 10. Octubre de 1986, Págs: de la 18 a la 22.


 

 

COMO ENSEÑAN
A ODIAR
A LOS RUSOS
o
Lo «nuevo»
en la cultura
de masas de EE.UU.

 

Dibujo de Alexéi TERTISH

 

El pequeño Peter, de 7 años, está echado en el piso con los ojos clavados en la pantalla del televisor.

      – ¡Dispara! –grita de pronto, mientras golpea excitado la alfombra con sus zapatos deportivos blancos–. ¡Dale, dispara de una vez!

      Y, como si hubiera oído al chico, Optimus, un robot gigantesco armado con un cañón de láser, clava un rayo deslumbrante en Megatrón que representa a las fuerzas malignas.

      – ¡Dale duro! –canta victoria Peter–. ¡Remátalo!.

      No alcanza a recobrar el aliento, cuando en la pantalla aparece un nuevo dibujo animado: ahora avanza un muchacho musculoso de boina y mono color caqui que domina a la perfección la metralleta, el cuchillo y el karate.

      – GI Joe! En todas partes donde se luche por la libertad ¡siempre está GI Joe! –canta una voz varonil.

      El soldado Joe es el símbolo de las tropas norteamericanas de destino especial que luchan contra la implacable organización terrorista Cobra.

Алексей Тертыш - 1986 Чертеж     Peter se pone nervioso. Los terribles terroristas que representan a cierta fuerza maligna extranjera ya han creado un puesto avanzado entre los campos verdes de Tejas disfrazándolo de pacífica granja. Pero GI Joe llega a tiempo, acompañado de todo un destacamento de muchachos audaces. Después de las batallas y persecuciones todo termina bien para EE.UU. Una muchedumbre de norteamericanos –blancos, negros y de color– aplaude al soldado Joe quien posa orgulloso sobre el fondo de una enorme bandera a rayas y estrellas . . .

      ¡El pobre Peter no sabe qué hacer! Por otro canal están pasando Shi-ra, la princesa de la fuerza y El soberano del mundo, donde también se entabla una lucha a muerte contra las «fuerzas del mal», contra monstruos empeñados en destruir Norteamérica.

      Hasta hace poco, cuándo los norteamericanos, grandes y pequeños, encendían el televisor se internaban en el divertido y conmovedor mundo de los personajes de Walt Disney . . . Ahora viven en el mundo de los «soldados Joe», «hombres verdaderos», «soberanos del Universo».

      A la vez que los pequeños norteamericanos se tragan sin apartarse del televisor una película tras otra, millones de adolescentes y adultos van a los cines para ver la última superproducción donde no combaten robots, sino hombres de carne y hueso, donde la sangre corre como ríos y donde, eliminando el carácter metafórico de los programas infantiles, los «enemigos de la democracia y la libertad» son nombrado sin ambages –la URSS y los países socialistas– y donde a los «malvados» se los reprime con los puños, una ráfaga de metralleta o una puñalada por la espalda.

      En Rocky IV un boxeador norteamericano pelea contra uno soviético, un verdadero monstruo privado de cualidades humanas y, claro está, lo vence. El norteamericano es la encarnación de las virtudes, pero como se ve rodeado de malvados rusos, crueles, taimados y capaces de cualquier delito, no le queda más remedio que matarlos.

      Noches blancas, Rambo II, Amanecer rojo e Invasión EE.UU. son películas sanguinarias, que despiertan odio hacia otros pueblos, y aunque los mismos críticos norteamericanos reconocen su primitivismo, tienen una gran influencia en el modo de pensar del espectador común. Después de ver filmes como estos, un empleado llamado William Harvey fue a una tienda perteneciente a una rusa instalada hacía ya muchísimos años en EE.UU. y le disparó a quemarropa. Solo porque era rusa, según declaró después.

     La vandalización de la cultura de masas en EE.UU. y su abierta orientación anticomunista adquirieron en los últimos tiempos un carácter muy amplio. Incluso el catch-as-catch can está envenenado. Hasta hace poco en el ring peleaban, rugiendo y retorciéndose mutuamente los brazos, un esbelto atleta rubio y un repugnante extranjero parecido a una bestia. El superhombre rubio casi no ha cambiado, pero su rival –encamación de las fuerzas del averno–, ya es otro: grande y pesado sube al ring con un gorro de piel de cordero ladeado, y en la camiseta roja que envuelve su tórax parecido a un barril se puede leer «URSS». El «ruso» injuria a los espectadores, trata de retorcer el pescuezo al superhombre y, por último, recibe su castigo. El enardecido público brinca en sus asientos, grita y agita los brazos, sediento de sangre.

      En nuestros tiempos, los clérigos han comenzado a afirmar que la construcción del socialismo la auguraron sus libros sagrados. Ya no callan el hecho de que los éxitos alcanzados por la URSS en todos los campos se deben al carácter del régimen soviético. Se amplía el aporte que hacen los creyentes a la causa de la edificación de nuestra sociedad.

      Pocos días después del encuentro soviético-norteamericano en Ginebra, en otoño de 1985, en la pantalla chica de EE.UU. apareció un corto publicitario en el que un emigrado de la URSS en una cervecería declaraba su amor por sus nuevos amigos, elogiando todo lo norteamericano y denigrando todo lo soviético. Así hace la propaganda del modo de vida norteamericano y, sobre este fondo, de su producción la compañía de cerveza Miller. No se queda atrás la firma Wandigs, especializada en la venta de sandwiches, que presento en 3 canales su corto publicitario Desfile de modas en Rusia: una mujer monstruosamente fea aparece tres veces ante los espectadores con un mismo vestido deforme que la anunciadora llama primero «vestido para el trabajo», luego «vestido de noche» y después «bañador». Y como casi todos los norteamericanos miran los programas de TV y la mayoría extrae de ellos información política, algunos comentaristas se vieron obligados a pedir explicaciones a los autores del aviso. No es más que «una broma y el reflejo de la competición entre las compañías ansiosas de aumentar sus ganancias», dijeron ellos. Pero quienes desean mejorar las relaciones entre EE.UU. y la URSS piensan de otra manera.

     La prensa norteamericana también participa activamente en el incremento de la campaña antisoviética. Muchos periódicos y revistas publican artículos en los cuales se deforma la situación interna de la URSS, su historia y las intenciones de sus dirigentes. El objetivo es despertar y profundizar la desconfianza hacia nuestro país, provocar el deseo de oponérsele.

      El serial Norteamérica, preparado por la corporación ABC, está literalmente atiborrado de antiso-vietismo y se refiere a la «conquista de EE.UU. por la URSS». «Si en la URSS proyectaran una película sobre la conquista de este país por EE.UU., los norteamericanos se sentirían ofendidos», observó un periodista neoyorquino.

     ¿De dónde sale esta ola de antisovietismo? Parecería que todos debieran comprender que si queremos conservar nuestra civilización debemos mejorar las relaciones soviético-norteamericanas. ¿Quién dirige semejante formación «espontánea» de la opinión pública?

     La gran penetración de las ideas militaristas, chovinistas y anticomunistas en la cultura de masas comenzó en EE.UU. cuando se empezaron a producir gigantescos programas militares a la vez que se eliminaba el «síndrome vietnamita».

     En 1977 apareció en las pantallas del país la película La guerra de las galaxias que tuvo una recaudación colosal. En ese momento parecía inofensivo un filme de ciencia-ficción sobre las aventuras de los «blancos buenos» que combaten con armas ultramodernas a monstruos primitivos en planetas lejanos. Pero en 1983 el presidente Reagan dio a conocer su Iniciativa de Defensa Estratégica y el término «guerra de las galaxias» adquirió un significado nada inofensivo.

     En los últimos tiempos se ha escrito mucho sobre la ola de «nuevo patriotismo» que envolvió EE.UU.; han aumentado las ideas chovinistas, pero este no ha sido un proceso espontáneo. Recordemos que cuando las fábricas comenzaron a producir cohetes MX y los estudios cinematográficos, a «superhombres armados hasta los dientes», en Washington se inauguró el monumento a los participantes en la guerra de Vietnam y se dio solemne sepultura a los restos del soldado desconocido. Los máximos dirigentes del país pronunciaron gran cantidad de discursos sobre la misión encomendada a Norteamérica por el Altísimo de «oponer resistencia a los comunistas» y «defender la libertad».

      Durante casi 10 años después de la derrota de EE.UU. en Vietnam, el héroe de las películas fue un personaje sufriente y lleno de dudas. Ahora se adueñó nuevamente de las pantallas el superhombre norteamericano, pero ya no pelea contra los indios ni los gangsters, sino contra los «rojos».

     Isidor Rabi, profesor de la Universidad de Columbia, Premio Nobel, dijo durante una entrevista: «En nuestro país hay bastantes personas que odian a Rusia más de lo que aman a Norteamérica». El físico no dijo quiénes eran, pero en EE.UU. los conocen bien. La imagen de los «malvados rusos» conviene a los derechistas, pues así tienen a quien achacar todo –incluso el empeoramiento de la situación material de los norteamericanos y el desempleo– en la política exterior e interior de Washington. A los malvados no se les puede creer y mucho menos cuando proponen llegar a un acuerdo sobre el desarme nuclear. Estas fueron aproximadamente las palabras de Jean Kirkpatrick (considerada uno de los líderes derechistas) al exhortar a la Administración a no dejarse seducir por las «proposiciones rusas» y no renunciar al programa de la «guerra de las galaxias».

     Sin embargo, junto al aumento de los armamentos y la elaboración de la estrategia militar, tiene una importancia muy grande y, a veces, decisiva la preparación política y psicológica de la sociedad. Por eso es que cada vez aparecen más libros semejantes a los que se exhiben en la librería Woolworth: en la tapa llamativa con el título Prepárate para la siguiente guerra mundial, un «boxeador» desgarra una bandera roja con la hoz y el martillo. Por eso es que son tan necesarios los «Rambo», «Rocky» y los «soberanos del Universo», que celebran la violencia e inculcan que no hay en el mundo árbitro más justo que una metralleta en manos de un «hombre duro».

     – ¡Dispara! ¡Pégale! –grita Peter. Se levanta de un salto y junto con el «soldado Joe» sacude su puñito. Su camisa está arremangada hasta el codo como la del héroe televisivo; sus ojos relampaguean, sus mejillas arden. Le están enseñando a odiar.

De los periódicos
PRAVDA e IZVESTIA

 


Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 10. Octubre de 1986, Págs: de la 18 a la 22.

Una respuesta a “COMO ENSEÑAN A ODIAR A LOS RUSOS

  1. Mariano Camacho 21 abril, 2016 en 01:31

    En lo personal, admiro a la cultura Rusa, son un ejemplo de fuerza y valor, y creo que Estados Unidos se maneja como una empresa, piensan que el mundo entero somos sus empleados. Y ademas yo sólo veo a una raza en el mundo; la raza humana.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: