Revista Sputnik

Este blog está dedicado a la desaparecida revista soviética Sputnik.

¡NO COMPRENDO!

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 10. Octubre de 1988, Págs: de la 61 a la 65.


 

Algunos lectores nos informan que hay veces que no llegan a comprender nuestros cuentos humorísticos; hay quienes afirman, incluso, que estos no tienen nada de humorísticos. Bueno, el sentido del humor de cada pueblo es muy específico; además, cuando el humorismo se traduce a otro idioma muchas cosas se pierden. Quizás le hagan sonreír algo más las miniaturas satíricas de Mijaíl ZADORNOV. Por lo demás, en nuestros lectores no solo provocan risa.
 
 
 
¡NO COMPRENDO!

Dibujos de Vladímir VOVNOBOI

 

Debo confesar que mientras mayor me hago, menos cosas comprendo.

     Por ejemplo, no alcanzo a comprender cómo es que la gente viaja en trenes de primera, si 11 días antes de su partida no hay taquilla que venda pasajes para ellos, y 10 días antes estos ya están agotados.

     Además, no comprendo qué vamos a hacer con todo el calzado acumulado en las zapaterías.

     No comprendo por qué después de reducciones de personal de las oficinas el número de empleados continúa aumentando.

     No comprendo: ¿existe algún otro país donde las mujeres se quejan al mismo tiempo de la escasez de alimentos y de no poder adelgazar?

     Al ver a la joven generación no llego a comprender cuántos viejos, allá en el siglo XXI, no dirán a sus respectivos nietos: «En nuestra juventud nos gustaba la música decente: el heavy metal».

     Además, no comprendo muchos nombres que solemos poner a las cosas. Veamos: ¿qué clase de bombones puede llamarse «Radio»? O ¿qué tipo de torta es la del nombre «Otelo»? O ¿a qué viene el nombre de «Komsomol» tratándose de melindres? ¿Será que la dentadura de uno solo puede con ellos cuando se está en la edad de ser komsomol? Otra cosa: no comprendo qué clase de aroma debe poseer la colonia llamada «Sport-club».

     Pero, además, existen muchísimas otras cosas que no comprendo. Hay veces que no alcanzo a comprender cosas de las que más conviene hablar por lo bajito.

     No comprendo, por ejemplo, por qué solemos atribuirle la hegemonía en nuestro país al proletariado, mientras que la tiene la esfera de servicios. Y se vuelve cada vez más hegemónica.

     No comprendo tampoco por qué debemos renovarnos todos. Bueno, aquellos que solían trabajar mal, sí deberían cambiar y trabajar bien; pero aquellos que trabajan bien, ¿acaso deben ahora ponerse a trabajar mal?

     No alcanzo a comprender, por más que me esfuerce, por qué nuestro pueblo siempre sale sufriendo con las disposiciones que se toman para su bien, ni por qué siempre viven mejor aquellos contra quienes van enfiladas estas disposiciones.

     A propósito, no comprendo si en nuestros tiempos debe decirse lo que yo digo, o no debe decirse. En general, no comprendo si alguien comprende lo que debe decirse en nuestros tiempos.

     En mi sincero afán de comprenderlo todo, me puse a ver TV, a oír discursos de dirigentes locales, pero tampoco comprendí nada, pues ellos a cada rato insertan palabras como «como quien dice», «a rasgos generales» y «total, la transparencia» . . . Comprendo que, total, a rasgos generales sí hay transparencia, pero no sé dónde.

     No comprendo cómo es que pueden desempeñarse como dirigentes locales personas que no saben hablar correctamente, pese a que se definen «fieles leninistas». No comprendo en general qué es lo que quiere decir eso de «fiel leninista». A mi modo de ver, si uno es leninista, esto ya lo dice todo, o sea, que es fiel. Y al decir «fiel leninista» se insinúa que en alguna parte hay leninistas infieles, pero no comprendo a quiénes se refiere.

     Además, pese a haber visto muchos programas televisivos, no he alcanzado a comprender aún lo de las cooperativas: ¿realmente se piensa organizarlas, o es una campaña para detectar ladrones?

     Total, he comprendido una sola cosa: si comprendiera lo que estoy diciendo, mejor me hubiera quedado callado. Pero como no lo comprendo, perfectamente puedo decirlo. Bueno, por lo bajito, por si las moscas.

     No comprendo para qué hacen falta los sindicatos. O sea, claro que comprendo que sí hacen falta sindicatos que defiendan los intereses de los trabajadores. Pero no comprendo para qué hacen falta sindicatos que defienden de los trabajadores los intereses propios.

     No comprendo de qué se ocupa el Komsomol. Y no comprendo si los del Komsomol comprenden o no de qué se ocupan. Y menos aún comprendo a santo de qué un compañero responsable del Komsomol sugirió decretar la lucha contra el falso entusiasmo. ¿Acaso no comprende cuánto falso entusiasmo será destinado a combatir el falso entusiasmo?

     ¡No comprendo nada de nuestra economía nacional! No comprendo, por ejemplo, por qué la emulación socialista es buena. Ni tampoco de qué manera, digamos, la cadena de producción que fabrica medias para el pie derecho puede competir con la que fabrica medias para el pie izquierdo.

     No comprendo por qué el sobre-cumplimiento de los planes refuerza nuestra economía. Ni qué suerte han de correr los asideros de puertas si se fabrica el triple de ellos que de puertas. Solo que se podría montarlos en ollas. ¿No será por eso que a veces compramos lavadoras provistas de motores de avión, que al conectarlas te dan la impresión de que ahorita saldrás volando; o aspiradoras de polvo con casco de proyectil perforador; o portafolios con candado de leñera . . . Cuentan que no hace mucho cierta fábrica suministró teteras con pitos de policía, de modo que los propietarios de coches, cuando sus teteras comienzan a hervir por las mañanas, se ponen a buscar —medio dormidos— un billete de 3 rublos para pagar la multa.

     Aunque me maten, no comprendo cómo es que una de nuestras plantas que fabrican automóviles ha adelantado el lema «¡Seamos líderes mundiales en la construcción de automóviles!», mientras que en la reciente exposición internacional unos visitantes pegaron al último modelo de esta fábrica el letrero de «Mejor hubierais expuesto un caballo». A propósito sea dicho, no comprendo muchos de nuestros lemas. Por ejemplo, este: «La renovación es inevitable». Ni que se tratara de un castigo, ¿eh?

     Y ahora voy a decir algo muy, pero muy bajito, para que solo me oigan los que son de la misma opinión. No comprendo por qué debo votar en el distrito donde vivo por los candidatos promovidos en el distrito donde ellos trabajan . . .

     Hay una cosa más que no comprendo: ¿será mejor que no comprenda todo esto? Preguntas a cualquiera y resulta que tampoco comprenden. O bien comprende que más vale no comprenderlo. Al comprender uno cuánta gente comprende que es mejor no comprenderlo, resulta comprensible de dónde salen todas esas cosas incomprensibles que tenemos.

Владими Вовнобой - 001

AGRADECIMIENTO

 

Estimado camarada Secretario General:

     Muy agradecidos le dirigimos estas líneas los habitantes de la ciudad que Ud. acaba de visitar por motivos de trabajo. Cierto es que Ud. había informado de su llegada a las autoridades locales con solo tres días de anticipación, pero hasta en esos tres días hicieron para nuestra ciudad más que en toda la época soviética.

     Primero, se orientó pintar todas las fachadas de las calles por las que Ud. debía pasar. Pero luego alguien dijo que a Ud. le gustaba desviarse de las rutas planificadas, de modo que nuestras autoridades tuvieron que mandar pintar también todos los demás edificios. Lo cual se cumplió con tanto ahínco que en algunos también pintaron hasta los cristales de las ventanas.

     Segundo, para el momento de su llegada se había iluminado, pavimentado y sembrado de flores todas las calles . . . La noche antes de su llegada se cavó 365 pasos subterráneos. En los comercios aparecieron cosas que ya hacía tiempo creíamos que debían figurar en el Libro Rojo. Hasta conservas, cosa que habíamos visto la última vez hace unos veinte años cuando no lejos de nuestra ciudad, en las aguas neutrales, se hundió un barco refrigerador inglés que las transportaba a África, para socorrer a los hambrientos.

     Tercero, por fin se terminó de construir el puente que ya en el quinquenio pasado fue solemnemente inaugurado y que, al romper a tocar la orquesta y los miembros de la comisión cortar la cinta roja, se movió y se puso a flotar con la comisión encima.

     Por fin, los funcionarios del Komsomol limpiaron el camino del aeropuerto con aspiradoras propias, y los de los sindicatos barrieron el bosque que rodea este camino, pintaron de verde vivo las hojas de todos los árboles y lavaron con champú yugoslavo todos los monumentos de nuestra ciudad. Con la particularidad de que se logró lavar el monumento a Mendeléiev hasta tal grado que resultó ser a Lomonósov.

     Es más: muchos dirigentes, temerosos de disgustarle a Ud., donaron al Estado las villas de su propiedad, en las que, durante su visita, se abrieron establecimientos de puericultura, que tanta falta nos hacían. Y la villa del administrador del Comité Urbano de Partido fue transformada en el nuevo aeropuerto; y su arriate de pepinos, hormigonado y habilitado para ser pista de aterrizaje de los aerobuses Il—86.

     También se han sacudido el polvo y cambiado para mejor los demás dirigentes nuestros. Como todo el mundo sabe que lo que Ud. más aprecia de un dirigente es su opinión personal, estuvieron sesionando tres días en el Comité Urbano, a fin de elaborar la respectiva opinión personal de cada uno, ratificándola luego el Comité de Provincia.

     Todo el mundo sabe también que Ud. es un gran conocedor de la ganadería. Por eso, se convocó un concilio científico para debatir el tema de «El número de pezones en la ubre de la vaca», resultando que estos eran cuatro y no cinco, como solían indicar en los planes que han asignado desde! que el proletariado fuera enviado al campo para llevar a cabo la colectivización.

     Tampoco faltaron excesos. Por ejemplo, la noche anterior a su llegada, quién sabe para qué, realizaron un simulacro de defensa civil. Mas, como la sirena de alarma estaba estropeada y resultó que todas las caretas antigás solo servían para espirar (para aspirar había que quitárselas), a las 3 de la madrugada, al grito pelado de «¡Atención: explosión nuclear! ¡Cuerpo a tierra!», dado por el jefe de la defensa civil de la ciudad, todos salimos corriendo de nuestras casas y nos dejamos caer en la tierra, tapándonos las caras con las manos y abotonándonos bien contra la radiación. Como resultado, a la mañana siguiente el 50% de la población llegó tarde al trabajo, por haber estado esperando el toque de retirada.Владими Вовнобой - 002

     Además, publicaron un libro de lujo dedicado a nuestra ciudad, con cuatro fotos de nuevas obras de construcción que tenemos, o más exactamente, del único bloque nuevo fotografiado por los cuatro costados. Y en su recorrido por la ciudad se llevó delante un mismo kiosco donde se vendían hortalizas.

     Por fin, corrió el rumor de que le gustaba a Ud. visitar museos en todas las ciudades para ver su estado. Al instante, por orden del jefe del sector de la cultura, graduado en la escuela técnica de la fábrica de ladrillos, con una excavadora se tumbó la vieja y vetusta casita donde viviera Antón Chéjov, construyéndose en su lugar una casa nueva donde él viviera. En el parquecito frente al museo se erigió un monumento a este gran escritor, donde aparece sentado en un banco, leyendo con aire de aprobación el informe que Ud. presentara en el reciente Pleno.

     Pero no les reprochamos a nuestros dirigentes estos excesos. Comprendemos que están en un apuro. Ud. les ha orientado que deben tener individualidad pero no les ha bajado instrucciones de cómo lograrlo. Les ha indicado que la renovación es imprescindible, pero no les ha bajado los plazos. De modo que no aciertan a comprender en qué momento deben informarle a Ud. que se han renovado antes del plazo indicado. Es más . . . Ud. dice a cada rato que debemos avanzar, pero no explica en qué dirección; y ellos por su cuenta no lo saben, compréndalo. En nuestra ciudad siempre hemos tenido la siguiente situación: los que tenían dotes para el arte, se dedicaban al arte; los que se apasionaban por la ciencia, iban a trabajar en la ciencia; los que querían estar en la producción, iban a la producción . . . Y los que en su juventud fueron perezosos y no manifestaron ninguna propensión concreta, se dedicaban a trabajar en el Komsomol y los sindicatos, a dirigir a aquellos que sí tenían talento, hasta que estos también lo perdieron a causa de tal dirección.

     En una palabra, le agradecemos su visita. Nuestra ciudad se ha vuelto linda, verde y cómoda. Han empezado a circular aviones entre ella y los koljoses vecinos, y se ha restablecido por fin la comunicación telefónica con otras ciudades, que los nazis alemanes destruyeron al retirarse durante la SGM.

     Después de que Ud. se marchase, por supuesto que nuestros comercios volvieron a quedar vacíos. Pero en los días que Ud. estuvo entre nosotros, nos dio tiempo de proveemos como para tres años en adelante. Por eso le rogamos que dentro de tres años vuelva a visitamos. Ya se habrá caído la pintura de los edificios, ensuciado los monumentos, vuelto a hundir el puente, habrán nacido nuevos niños que necesitarán nuevas guarderías. Claro, comprendemos lo ocupado que está Ud. porque muchas ciudades como la nuestra están esperando su turno para que las visite. Por eso, si no va a poder venir, de todas maneras le rogamos comunique al menos a nuestras autoridades que piensa hacerlo. Entonces tendrán que volver a hacer algo por el pueblo.

     Estimado camarada Secretario General:

     Le rogamos, además, si no le es difícil, encargue a alguno de su gente que antes de su futura visita eche a correr el rumor de que a Ud. le encanta recorrer las casas para comprobar si tienen agua caliente. ¡Tenemos tantas ganas de bañarnos!

De la revista TEATR

 


Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 10. Octubre de 1988, Págs: de la 61 a la 65.

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