Revista Sputnik

Este blog está dedicado a la desaparecida revista soviética Sputnik.

¡¿HASTA DÓNDE LLEGARÁ ESTA EMANCIPACIÓN?!

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 01. Enero de 1983, Págs: de la 56 a la 58.


 

¡¿HASTA DÓNDE LLEGARÁ ESTA

EMANCIPACIÓN?!

Humor

Vladímir SLUTSKI

De la revista YUNOST

Dibujos de Vladímir SVIDIROV

 

Aunque estaba solo en primer año, Tvorózhnikov era ya un estudiante experimentado y sabía que en la discoteca se bailaban ritmos modernos. A sus 17 años había frecuentado muchos conciertos, pero a la discoteca iba por primera vez.

     El espectáculo resultó verdaderamente impresionante: en una sala a media luz –iluminada por proyectores de colores y faroles de coches policiales– saltaban rítmicamente los estudiantes, al compás de la música que se precipitaba desde todos los rincones y caía sobre el público como un ruido sordo ininterrumpido.

     Tvorózhnikov estaba parado junto a una columna, tímido e incómodo por la falta de costumbre. Seguramente, no se habría decidido a unirse a los que saltaban, de no haber sido por una voz de muchacha que se oyó a su lado:

     –¿Está aburrido, joven? ¿No quiere bailar?

1     Antes de que Tvorózhnikov pudiera comprender a quién pertenecía la voz, se encontró inesperadamente entre los que bailaban. Su pareja resultó ser una muchacha alta y esbelta, de rostro bonito y firme.

     –¿Y tú cómo te llamas? –le preguntó al completamente amilanado Tvorózhnikov.

     –¿Yo? -preguntó, y respondió en voz baja–. Tólik.

     –Está bien, y yo Katerina –dijo seria– ¿En qué año estás?

     –En primero –respondió Tvorózhnikov en forma apenas audible.

     –¡Qué suerte! Tienes por delante lo más interesante. A decir verdad, me gustaste enseguida, apenas entraste: arregladito, modesto, con las botas lustradas, pantalones planchados en lugar de vaqueros . . .

     Tvorózhnikov se puso como un tomate.

     –¿Sabe Ud.? –dijo en voz baja– ya es tarde. Debo irme.

     –¿Qué cosas dices? Son solo las 10, es muy temprano.

     –No, no, debo irme, mamá se va a preocupar.

     –Bueno, está bien, deja que te acompañe –dijo pacíficamente Katerina.

     Cuando salieron a la calle caían copos de nieve, pequeños y punzantes. Muy pocas veces se topaban transeúntes solitarios. Katerina se refería entusiasmada al destacamento juvenil de construcción, donde había sido en verano jefa de brigada, pero Tvorózhnikov no la escuchaba; miraba su perfil bonito y firme y pensaba que Katerina podría ser para él una excelente compañera. Cerca de ellos pasaron unas figuras sospechosas, Tvorózhnikov tomó a Katerina del brazo y se sintió en seguida tranquilo y a gusto. Se separaron al llegar a la casa del joven, prometiendo encontrarse el domingo siguiente. Katerina abrazó rápida a Tólik y lo besó con fuerza en la boca.

     –¿Qué hace conmigo? . . –protestó desconcertado el joven y, liberándose bruscamente, se metió corriendo en el portal.

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     «¡Qué recatado!» pensó contenta Katerina y, sonriéndose para sus adentros, se puso a vagar por la ciudad nocturna.

     Una semana después, se encontraron junto al cine «Druzhba». Tvorózhnikov se atrasó 15 minutos, pero, al ver su rostro feliz, Katerina no le dijo nada, aunque ella había llegado con 15 minutos de anticipación. Cuando le puso con cuidado la mano en el hombro, Tólik se le apretó confiado y se fueron caminando por la calle.

     –Tolia, dime la verdad ¿quién te acompañó el miércoles desde el instituto? –preguntó Katerina con toda la calma posible.

     –Svetka Bogdánova de tercer año. ¿Por qué?

     –Por nada. Pero mañana la voy a esperar después de clases –dijo amenazadora Katerina– y le hablaré de mujer a mujer.

     –Katia, no le hagas caso, por favor. De todas formas, ella no me gusta.

     –Veremos –respondió severa Katerina y de pronto se volvió bruscamente hacia él, diciéndole–: Tólik, ¿por qué no te casas conmigo?

     –Esto ¿qué es? . . ¿una declaración?

     –Tómalo como quieras.

     –Tan de repente . . . es muy inesperado . . . Debo pensarlo . . . Qué dirán mis padres . . . Y además, nos conocemos tan poco . . .

     –¿Qué es lo que debes pensar? –preguntó Katerina–. Cuando dentro de seis meses termine al instituto, nos iremos lejos, muy lejos, a construir una nueva ciudad.

     –No, no puedo . . . Debo terminar mis estudios.

     –Se puede estudiar en todas partes, podrás hacerlo por correspondencia. Tomarás mi apellido.

     –¿Y si tenemos hijos? . . –preguntó preocupado Tólik.

4     –Te ayudaré –dijo Katerina con abnegación–. Lavaré los pañales, compraré la leche antes de ir al trabajo.

     –No sé, no sé . . . –dijo casi llorando Tólik–. Todo es tan inesperado.

     –Está bien, Tólik –dijo con dureza, encendiendo nerviosa un cigarrillo– Piénsalo. Solo ten en cuenta que para mí es lo mismo, en cambio a ti dentro de un par de años ya te llamarán viejo solterón . . .

 

 


Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 01. Enero de 1983, Págs: de la 56 a la 58.

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