Revista Sputnik

Este blog está dedicado a la desaparecida revista soviética Sputnik.

EL SECRETO DEL PROYECTO «NI»

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 08. Agosto de 1985, Págs: de la 26 a la 31.


 

Durante cuarenta años guardaron en secreto esta
historia. En efecto, sabemos prácticamente todo
acerca del proyecto «Manhattan», referente a la
creación de las primeras bombas atómicas
norteamericanas, y acerca de los trabajos de los
físicos alemanes en este campo. Pero hasta hoy no
sabíamos nada sobre el proyecto «Ni», que en la
misma época se llevaba a cabo en el Japón.
Esta historia demuestra una vez mas que en nuestra
era nuclear siempre existe la posibilidad de
convertirse en víctima de lo que se preparaba para
otros.

 

EL SECRETO DEL

SP-08-85
PROYECTO «NI»

 

Vsévolod OVCHINNIKOV
Del periódico PRAVDA

 

Incluso antes de que comenzara la guerra en el Pacífico los altos mandos del Japón discutían los adelantos de la física nuclear.

El primero en interesarse por ella fue el general Takeo Yasuda, graduado de la Universidad de Tokio, jefe de la Dirección de Ciencia y Técnica de las Fuerzas Aéreas y, más tarde, del Estado Mayor de estas fuerzas.

Yasuda, que leía la literatura especializada extranjera, se interesó por los artículos que hablaban de que la reacción en cadena de los núcleos de uranio era capaz de provocar una explosión de gran potencia. Uno de los ex profesores del general, Riokichi Sagane, había visitado EE.UU., ha bía conocido a varios jóvenes físicos europeos y norteamericanos durante su práctica en la Universidad de California, y, por lo tanto, estaba al corriente de las ideas más en boga en este campo en aquel entonces. Después de varias entrevistas con Yasuda, Sagane, a solicitud del general, certificó por escrito que los novísimos descubrimientos de la física nuclear podrían tener una aplicación militar.

«ESTE PROBLEMA DEBE SER
ESTUDIADO POR
ESPECIALISTAS»

Así declaró Hideki Tojo, ministro de Guerra del Japón, cuando le informaron sobre el contenido de la nota de Sagane.

Basándose en esta orden, Yasuda en mayo de 1941 encomendó al Instituto de Investigaciones Físico-Químicas estudiar el problema vinculado a la posibilidad de diseñar y construir una bomba de uranio. Los trabajos los encabezó el profesor Ioshio Nishina, que en su juventud fue alumno de Niels Bohr en Copenhague. A petición de Nishina, más de 100 jóvenes científicos relacionados con las investigaciones nucleares fueron liberados del servicio militar y puestos a su disposición. Los primeros dos años se ocuparon fundamentalmente de cálculos teóricos y de estudiar los distintos métodos de división de isótopos de uranio, así como también de buscar yacimientos.

El 5 de mayo de 1943, el profesor Nishina entrojó al mando de las Fuerzas Aereas un informe en que explicaba que la creación de la bomba atómica era técnicamente posible. Yasuda envió este informe a Tojo, que ocupaba el cargo de primer ministro. Así surgió la idea del proyecto «Ni». En japonés el jeroglífico «Ni» significa «dos», pero en este caso representaba la primera sílaba del apellido del jefe del proyecto.

Después de estudiar las conclusiones sacadas por los científicos, Tojo llamo al coronel Kawashima, jefe de uno de los departamentos del Estado Mayor de las FF.AA., y le preguntó: «¿Ha oído hablar sobre la bomba atómica? ¿No? Pues ella puede cambiar la marcha de la guerra. Ocúpese de los trabajos para crearla. Dinero, materiales, mano de obra, etc.: recibirá todo lo que requiera. Pregunte a los físicos lo que necesitan».

«Con la gente no tenemos problemas —le dijo Nishina a Kawashima, cuando este le relató su charla con el primer ministro—. Lo principal es que el ejército nos ayude a conseguir uranio . . .

EN BUSCA DE MATERIA
PRIMA NUCLEAR

A partir del verano de 1943. Kawashima y sus subordinados tuvieron que dedicarse a prospectar y conseguir mineral de uranio. Esta tarea no fue nada fácil, pues los yacimientos de la prefectura japonesa Fukushima y de la península de Corea no justificaron sus esperanzas. Mientras tanto, los especialistas solo para los experimentos necesitaban con urgencia 2 t de óxido de uranio.

Entonces decidieron pedir ayuda a Alemania. Hiroshi Oshima, embajador en Berlín, transmitió a los nazis la petición correspondiente, a lo que estos respondieron diciendo que primeramente querían saber con qué fin necesitaban tales cantidades de uranio. Kawashima, indignado, telegrafió al embajador: «Dígales que para nosotros es difícil comprender semejante actitud ante nuestra petición. Recuérdeles que el Japón libra una guerra contra EE.UU. y Gran Bretaña como aliado de Alemania. Si no se logra solucionar este problema a un nivel de trabajo, sería deseable entablar negociaciones directamente con el Führer».

Hoy es difícil decir si Hitler intervino o no, pero el hecho es que los nazis consintieron y a fines de 1943 una tonelada de mineral de uranio fue enviada al Japón en un submarino alemán. Pero no llegó al destinatario, pues barcos norteamericanos lo hundieron en las cercanías de Malaya. A juzgar por todo, los alemanes no enviaron la segunda tonelada encargada: después de las batallas de Stalingrado y Kursk el Reich tenía problemas más importantes que atender los pedidos de sus aliados.

Entonces los del proyecto «Ni» tuvieron que activar las búsquedas de uranio en sus dominios.

A comienzos de 1944, los trabajos japoneses en el campo de las armas atómicas se hallaban aún en la etapa de investigaciones de laboratorio.

Al principio, el Estado Mayor de las FF.AA. no prestó especial atención al proyecto «Ni», pues eran pocos los militares que creían en que la fuerza explosiva de la bomba atómica sería tan grande. Pero conforme iba empeorando la situación en los frentes, iba aumentando el interés de la cúspide militar por la ciencia.

Mientras tanto, la situación se volvió gravísima. Después de las batallas en el mar del Coral y cerca de la isla Meadway, el Japón comenzó a abandonar algunos territorios ocupados.

Fue entonces cuando proclamaron que las islas Marianas —dependientes del Japón después de la PGM como mandato de la Sociedad de Naciones— debían ser el límite tras el que no podían retroceder. Por eso en la más grande de ellas, Saipán, además de una guarnición de 30.000 efectivos, vivían casi 25.000 japoneses.

La batalla de Saipán que comenzó el 15 de junio de 1944, se convirtió en uno de los más encarnizados combates de la guerra en el Pacífico. Los 70.000 marines que desembarcaron en esta isla contaban con un poderoso apoyo desde el mar y el aire, y a pesar de eso, durante más de tres semanas no pudieron romper la resistencia de la guarnición japonesa. Fue en esos momentos que Tojo se acordó del proyecto «Ni», pues creía que sería muy conveniente arrojar la bomba atómica sobre Saipán, convirtiendo a la isla en una tumba común de los atacantes y los defensores.

Pero los científicos japoneses estaban aún muy lejos de poder crear la bomba, y el Japón no logró retener Saipán. El 9 de julio de 1944, los norteamericanos se apoderaron de la isla por completo. El 18 de julio, el gobierno de Tojo, que había dirigido el país desde que comenzara la guerra, dimitió.

Ese mismo día los del proyecto «Ni» iniciaron un importante experimento de división de los isótopos de uranio, sobre el cual informaban con regularidad al Estado Mayor. Al mismo tiempo, se amplió sustancialmente la escala de los trabajos vinculados con la creación del arma atómica. A las búsquedas de mineral de uranio, de las cuales hasta aquel entonces se ocupaba sin grandes resultados el Estado Mayor de las FF.AA., decidieron incorporar al departamento de armas, mejor dicho, a su 8a sección científico-técnica, cuya plantilla superaba las 500 personas.

Encargaron esta tarea al ingeniero-mayor Ioichi Yamamoto, geólogo de profesión. Director científico designaron al profesor Satoyasu Iimori, del Instituto de Investigaciones Físico-Químicas, quien había estudiado en Oxford y era uno de los primeros que en el Japón había comenzado a ocuparse de los elementos radiactivos. Iimori proyectó y construyó dos plantas de enriquecimiento para el mineral de uranio que debía venir de China y Corea. Pero surgieron muchas dificultades con su extracción y transporte, por lo que las fábricas no funcionaban.

Como el empeoramiento de la situación militar no permitía cifrar esperanzas en los recursos de los territorios ajenos, decidieron concentrar los esfuerzos en el Japón. Así, se vieron obligados a emprender la extracción de un mineral de baja calidad en la prefectura Fukushima. Al yacimiento situado en las cercanías de la ciudad Isikawa fueron movilizados los alumnos de los grados superiores de las escuelas cercanas. Muchachos de 15 años durante todo el día horadaban con zapas las pendientes de la mina a cielo abierto, eligiendo entre los montones de piedras los trozos de color negro, que transportaban en carros a la fábrica de enriquecimiento.

Un día llamaron inesperadamente al profesor Iimori al Cuartel General, donde lo recibió uno de los miembros de la familia imperial. Él le dio un pedazo de roca y dijo:

— Entiendo más de biología que de geología, pero me pareció que esta piedra pesa demasiado. ¿No contendrá uranio, profesor?

La piedra resultó ser un granito corriente. Pero Iimori se sorprendió de que incluso en los más altos círculos del palacio imperial ya sabían que para obtener la bomba atómica se necesitaba uranio . . .

«SI NO ES PARA ESTA
GUERRA, SERA PARA
LA FUTURA»

Llegó el año 1945. Los habitantes de Tokio tiritaban del frío porque en la ciudad no había combustible. En cambio, la llama de la guerra se aproximaba más y más. Mientras tanto los del proyecto «Ni» continuaban trabajando a un ritmo febril. La nueva serie de intentos de separar el ura-nio-235 les daba esperanzas.

Sin embargo, en marzo de 1945, desde la misma Saipán sobre la que Tojo quiso arrojar una bomba de uranio, los B-29 norteamericanos comenzaron sus bombardeos contra las ciudades japonesas. El 9 de marzo bombas incendiarias convirtieron en cenizas la cuarta parte de las viviendas de la capital. Solo en una noche en las llamas murieron casi 100.000 personas. Dos días más tarde fue bombardeada Nagoya; después, Osaka y Kobe.

El 13 de abril la radio del Japón anunció la muerte del presidente de EE.UU. Roosevelt. Aquel mismo día, los B-29 de nuevo aparecieron en el cielo de Tokio. Como resultado, se quemaron la mayoría de los edificios del Instituto de Investigaciones de la Técnica de Aviación, donde se realizaban los experimentos. Solo quedó intacto el edificio № 49, en donde se ubicaba el laboratorio del proyecto «Ni». El profesor Nishina creyó que una vez más había escapado del peligro, pero de repente se oyó una explosión y el edificio se vino abajo.

Después de los bombardeos de Tokio y Osaka, los científicos japoneses prácticamente se vieron privados de la posibilidad de ocuparse de la división de los isótopos de uranio. Pero en las minas de la prefectura Fukushima los escolares hasta el último día de la guerra continuaron horadando la roca. En los últimos meses de la SGM, el centro de investigaciones se trasladó a Kioto, al laboratorio del profesor Bunsaku Arakatsu, en donde continuaron los intentos de dividir los isótopos de uranio con centrifugadoras. Los cálculos teóricos estuvieron a cargo del futuro Premio Nobel Hideki Yukawa. El 22 de julio de 1945 los científicos informaron que crear un arma atómica estaba por encima de las fuerzas del Japón.

Dos semanas más tarde, el 6 de agosto, la bomba atómica norteamericana redujo a cenizas a Hiroshima. Dos días después, llegaban allí el profesor Nishina y el general Arisue, jefe del 2o departamento del Estado Mayor. También enviaron urgentemente a Hiroshima a los profesores Asada de Osaka y Arakatsu de Kioto.

Al volver de Hiroshima, los tres físicos fueron invitados al Cuartel General. Se prepararon para responder a muchas preguntas referentes a si lo visto por ellos podía ser los resultados de una explosión atómica. Pero se trataba de otra cosa.

— ¿Pueden ustedes unir sus esfuerzos y hacer una bomba atómica en medio año? De ser posible, anunciaríamos que todos ustedes han fallecido durante los bombardeos y organizaríamos sus funerales ficticios. Mientras tanto, los llevaríamos a la prefectura de Nagano, donde, cerca de Matsusiro, en las rocas de granito preparamos una ciudadela subterránea para el emperador. Si los norteamericanos desembarcan, el ejército y la milicia popular trataran de oponerles resistencia durante seis meses. Si en este plazo ustedes hicieran la bomba, incluso si no contáramos con medios de transporte, la haríamos explotar en la plaza de armas ocupada por el enemigo y cambiaríamos con eso la marcha de la guerra a nuestro favor . . .

Los físicos escucharon en silencio. El fanatismo y la ignorancia de la cúspide militar eran tan incomprensibles para los científicos, como la teoría de la relatividad para los generales y almirantes.

— En las condiciones actuales — dijo Nishina — ni siquiera seis años nos bastarían. No tenemos uranio ni energía eléctrica. Prácticamente, no tenemos nada . . .

Pero parecía que la gente uniformada hablaba en otro idioma. Al abandonar el Cuartel General, los científicos durante mucho tiempo recordaron los ojos del almirante Toyotaro Tamura del Estado Mayor de la Armada, y sus palabras, pronunciadas como en un delirio:

— De todos modos deben continuar sus trabajos. Hay que hacer la bomba a tiempo, si no para esta guerra, para la futura . . .

Después de la capitulación, los círculos oficiales del Japón intentaron esconder de la opinión pública japonesa y extranjera el secreto del proyecto «Ni». Y solo hace poco se hicieron del dominio público los datos relacionados con él.

Este año se ha cumplido el cuadragésimo aniversario de la tragedia de Hiroshima y Nagasaki. Y para que esta tragedia no se repita, los luchadores contra el peligro nuclear en el mundo entero, comprendido el Japón, deben saber todo lo referente a quienes soñaban con hacer de la isla Saipán una tumba común para los norteamericanos y los japoneses y con emplear la bomba atómica si no en esta, entonces en la futura guerra.

. . .

UN HALLAZGO SENSACIONAL EN YAKUTIA

Durante tres años en Diring Yuriaj (Arroyo Profundo), localidad situada a 140 km de Yakutsk, se llevar a cabo excavaciones arqueológicas. Lo primero que se encontró fueron varias sepulturas constituidas por cajas de piedra nada usuales para el Noreste de Asia, y gran cantidad de instrumentos y utensilios pertenecientes al hombre antiguo. Calculan que su edad es de unos 3.500 años. Luego el área de excavaciones fue ampliada, lo que provocó descubrimientos sensacionales: los arqueólogos hallaron casi 1.500 instrumentos de trabajo que por su forma y técnica de fabricación se parecen a los de la cultura de Oldoway, que, como se sabe, existió en Africa 1.500.000 años atrás. Yuri Mochánov. Doctor en Historia y jefe de la expedición opina que la edad de los hallazgos yakutos supera el millón de años, pero otros especialistas creen que aún cabe precisar esta cifra.

Del boletín de la APN POR LA UNION SOVIETICA


Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 08. Agosto de 1985, Págs: de la 26 a la 31.

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