Revista Sputnik

Este blog está dedicado a la desaparecida revista soviética Sputnik.

CONSTRUYAMOS JUNTOS EL «TOKAMAK»

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 06. Junio de 1986, Págs: de la 146 a la 149.


 

En vez de malgastar medios y fuerzas en crear armas cada vez más sofisticadas, ¿no sería mejor aunar los esfuerzos de la comunidad internacional para solucionar el problema energético? Es justamente esto lo que se plantea en una de las iniciativas pacíficas de la URSS.

 

CONSTRUYAMOS
JUNTOS
EL «TOKAMAK»

Liubov SOBOLEVSKAYA

Foto de Anatoli JRUPOV

La humanidad ya conoce la reacción termonuclear, pero solo en su variedad incontrolada: en la explosión de una bomba de hidrógeno. Poner esta energía al servicio del hombre es lo que hoy tratan de conseguir los científicos de los principales países industrializados.

Si obtienen el éxito, la humanidad contará con una fuente de energía prácticamente inagotable. En efecto, las reservas del combustible que usa son colosales, están por todas partes, comprendidas las aguas del océano. Se trata de los isótopos del hidrógeno, cuya fusión de sus núcleos hace desprenderse casi 10.000.000 de veces más energía que durante la combustión de un combustible orgánico usual (calculado por unidad del peso).

No obstante, el problema es muy complicado. Basta decir que para «quemar» el combustible termonuclear hay que calentarlo hasta 100.000.000° C, temperatura a la que la materia existe solo en forma de plasma. Por eso inicialmente los científicos tuvieron que estudiar a fondo este estado, idear su teoría y aprender a manejarlo. En una palabra, hubo que crear un nuevo capítulo en la ciencia sobre la naturaleza: la física del plasma.

La historia de las investigaciones termonucleares tiene más de 30 años. Al principio, se llevaron a cabo en absoluto secreto (ya que paralelamente se creaba la bomba de hidrógeno), hasta que en 1956 Igor Kurchátov, en su famosa conferencia dictada en el centro atómico británico de Harwell, por primera vez habló en público de la fusión termonuclear controlada. Así, a iniciativa de la URSS, se dio comienzo a una amplia colaboración internacional en este campo.

Hay dos vías para realizar la reacción termonuclear controlada: una duradera quema controlada con retención magnética del plasma (es difícil imaginarse un recipiente que retenga una materia calentada hasta decenas de millones de grados; su papel lo desempeña un fuerte campo magnético que impide el contacto del plasma con las paredes del reactor) y una serie ininterrumpida de microexplosiones de diminutas dosis de combustible termo- nuclear, encendido por potentes rayos de láser, por haces de partículas aceleradas o por una rápida compresión mediante el campo magnético.

La verdad es que más cercanos a la meta están los tokamak, sistemas del primer tipo. Su idea por primera vez fue propuesta y plasmada en el Instituto de Energía Atómica Kurchátov de Moscú.

El tokamak (abreviatura rusa de «cámara toroidal con campo magnético») es un dispositivo muy complicado. Además de calentar el plasma hasta temperaturas «estelares», debe crear también otras condiciones para que la reacción termo- nuclear se mantenga por su propia cuenta y garantizar una segura«recolección» de la energía que se desprende en el proceso.

Cuando en 1968 en el tokamak soviético T-3 logramos calentar el plasma de hidrógeno hasta 10.000.000 °C, en esta idea creyeron en todo el mundo. Luego, en los años 70, se registraron varios éxitos consecutivos. A los sistemas tipo tokamak se reorientaron los programas nacionales de la RFA, EE.UU., Gran Bretaña, el Japón y otros países.

токамак Т-15 (1986 год)Los laboratorios se hacen chicos para realizar las investigaciones termonucleares. En esta sala pasan las pruebas «solo» las bobinas magnéticas super- conductoras para el nuevo «tokamak» T-15, cuya construcción está llegando a su fin en la URSS.

Hoy en el mundo funcionan más de 70 tokamak, pero, por el momento, experimentales. Algunos de ellos ya se encuentran en lo que podemos llamar la última etapa «prerreactora»: el TFTR de EE.UU., el JT-60 del Japón, el JET, que se construye con esfuerzos mancomunados de los países de Europa Occidental. En la URSS estamos por terminar la construcción del T-15, con un sistema magnético superconductor. Se considera que los sistemas análogos, con utilización de superconductores, son indispensables para los futuros reactores termonucleares.

De la Declaración soviético-norteamericana conjunta, firmada por Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan en noviembre de 1985 en Ginebra:
«Ambos dirigentes subrayaron el significado potencial que tienen los trabajos orientados a emplear la fusión termonuclear controlada con fines pacíficos, y en relación con eso se pronunciaron por un amplio desarrollo práctico de la colaboración internacional para obtener, en bien de toda la humanidad, esta fuente de energía prácticamente inagotable)».

En 1978 el académico Yevgueni Vélijov, jefe de nuestro programa termonuclear, por encargo del Gobierno soviético propuso a la Agencia Internacional de Energía Atómica (ATEA) unir los esfuerzos de los países que llevaban a cabo investigaciones en este campo. Aprobada esta propuesta, se fundó el comité de trabajo para el proyecto INTOR*, abreviación de «reactor tokamak interna- cional». Su objetivo era lograr los parámetros del plasma necesarios para generar energía, comprobar todos los sistemas del reactor y demostrar su seguridad desde el punto de vista ecológico.

He aquí lo que escribió en octubre de 1982 en Spútnik Yevgueni Vélijov: «. . . ningún país podría realizar por sí mismo tal proyecto. La fusión controlada constituye subjetiva y objetivamente, un objeto de colaboración inigualable: las investigaciones no están vincula-das con finalidades militares y aún no se han convertido en secreto comercial . . . Realizamos experimentos que se complementan, no nos esforzamos por asombrar o dejar atrás a los demás y nos mantenemos al tanto de los trabajos que se llevan a cabo en el mundo . . . Pero el éxito depende no solo de los científicos, sino también de la política de financiación de las instigaciones en diferentes países, dela coordinación del programa termonuclear con la política energética y, claro está, de la situación política en el mundo».

La solución del problema termonuclear exige muchos medios y tiempo. Según opina el académico Borís Kádomtsev, jefe de la parte soviética del proyecto, sus participantes ya han ganado tiempo y han obtenido lo que podríamos llamar una garantía internacional de alta calidad de las soluciones escogidas.

Por lo visto, hoy ningún científico que se ocupa del problema de la fusión termonuclear controlada duda de que a comienzos del decenio que viene se podría crear y poner en explotación un reactor termonuclear piloto. Se cree que el costo del INTOR ascenderá a 3.000.000.000 de dólares, mientras que en la actualidad en el mundo en las investigaciones termonucleares se invierte cerca de 5.000.000.000 de dólares anuales. En lo que se refiere a Europa o EE.UU., cabe señalar que por ahora no cuentan aún con un programa real de los futuros pasos a dar en esta dirección. Los trabajos que se llevan a cabo en la URSS ya hoy prevén la posibilidad de una utilización técnica de los resultados obtenidos y esperados. Según nuestros especialistas, la industria soviética cuenta con todo lo necesario para crear el INTOR. Por eso, al recurrir al potencial acumulado por la comunidad internacional, estamos todavía más seguros del éxito de este proyecto.

Un día al académico Lev Artsimóvich, a quien con todo derecho lo consideramos «padre de los tokamaks», le preguntaron: «¿Cuándo aparecerá la primera central termonuclear?» «Cuando nos sea muy necesaria», respondió. Hoy, a la pregunta: «¿Ha llegado este momento?» el académico Vélijov, discípulo de Artsimóvich, responde: «Creo que sí y que coincide con el momento en que prácticamente estamos preparados para crear el reactor termonuclear desde los puntos científico y técnico».

La URSS se pronuncia consecuentemente por la colaboración en estas investigaciones de gran envergadura. Hace poco, Mijaíl Gorbachov, Secretario General del CC del PCUS, propuso dar el paso siguiente: empezar la construcción del INTOR mediante la cooperación internacional.

Se calcula que se necesitarán 10-12 años para construir un reactor experimental tipo INTOR y cinco más para elaborar con su ayuda la tecnología termonuclear. El tiempo trabaja contra la humanidad. Si queremos que la primera central eléctrica termonuclear aparezca a comienzos del próximo siglo, debemos poner manos a la obra ya hoy.

Del BOLETIN DE LA AC
DE LA URSS

 


Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 06. Junio de 1986, Págs: de la 146 a la 149.

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