Revista Sputnik

Este blog está dedicado a la desaparecida revista soviética Sputnik.

LA INDUSTRIALIZACION DEL ESPACIO EN EL PROXIMO MILENIO

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 04. Abril de 1986, Págs: de la 41 a la 45.

SPK04-1986

Leonid LESKOV, Doctor en Física y Matemáticas

La primera etapa, que abarca el próximo lustro, se caracterizará por el crecimiento del torrente de información sobre la Tierra desde el cosmos.

Entrarán en explotación sistemas de satélites de navegación nacionales e internacionales. Tales observaciones, necesarias para la geología, la agricultura, la pesca y para prevenir los cataclismos, se llevarán a cabo con ayuda de aparatos de radiación visible, infrarroja y de frecuencia superalta. Se espera cierto progreso en las observaciones meteorológicas realizadas desde el espacio.

Según estimaciones de los especialistas, con el nivel técnico actual, un sistema que constará de solo 18 satélites puestos en órbitas especialmente calculadas podrá determinar las coordenadas de objetos terrestres y espaciales con una exactitud de hasta 15 m; la velocidad con una exactitud de hasta 1 m/seg y el tiempo real con una exactitud de hasta una milmillonésima parte de segundo.

Es probable que en este período comience en el espacio la producción experimental de algunos preparados biomedicinales y materiales semiconductores.

El paso a su fabricación industrial en la segunda etapa (1990—2000) requerirá estaciones orbitales de grandes dimensiones calculadas para muchos años de vida, con una masa de hasta 100 t y dotadas de heliocentrales de 150 kW. Es posible que para aquella época se construyan plantas energéticas nucleares cósmicas de 500 kW y más. Para la comunicación interorbital se emplearán propulsores eléctricos de cohetes.

En la tercera etapa (2000—2010) será más perceptible el influjo que el cosmos ejercerá en la vida del hombre. Con ayuda de medios espaciales de comunicación se creará un banco de información científico-técnica universal. Es difícil predecir todos los efectos de este paso; entre ellos está la posibilidad de una administración óptima y a un nivel cualitativamente nuevo de la economía de países aislados y quizás hasta del planeta en general. Se reestructurará el sistema de investigaciones científicas. A través de los medios espaciales de comunicación será posible conectarse a una red única de computadoras. Por lo visto, se reorganizarán el sistema de instrucción pública, el servicio médico y la vida cultural.

Otro rasgo característico de la tercera etapa consistirá en el empleo de aparatos espaciales para dirigir las corrientes energéticas. Por ejemplo, transmitir electricidad* en forma de haces de irradiación de frecuencia superalta, desde los lugares de su generación hasta los de su consumo; iluminar la Tierra con reflectores orbitales, de la luz solar.

Para que sea posible el paso a la tercera etapa hace falta crear una nueva generación de medios dé transporte cósmico, posiblemente de portadores de cohetes de uso: múltiple que aseguren el envío a la órbita circunterrestre de cargas de hasta 500 t de peso, con el precio de transporte de unos 200 rublos* por kg, y en una perspectiva más lejana, de hasta 20 rublos por kg. Para transportar cargas entre varias estaciones orbitales (1.000 t al año y más) se podrá recurrir a los, llamados propulsores eléctricos de intercambio de calor o a los de plasma, cuyos esquemas principales ya se conocen. Será posible suministrarles energía de fuentes externas, extraterrestres, por ejemplo, recurriendo a la radiación de láser.

Un empleo eficaz, desde el punto de vista económico, de los sistemas espaciales de la tercera etapa sería el siguiente. Los gastos de iluminación de una ciudad como Nueva York ascienden a unos 10 millones de dólares anuales. Un reflector orbital de radiación solar para el mismo objetivo deberá tener un área de 50 km2 (por ejemplo, un círculo de 8 km de diámetro) con una masa de 500 t. Si los gastos para crear su sistema de espejos en la órbita son de 200 dólares por kg (según los datos estadounidenses, hoy esta cifra es 5 veces mayor), un reflector así se resarcirá solo en un año.

El problema principal de la cuarta etapa (2010—2050) es construir heliocentrales espaciales para suministrar energía a la Tierra. Se prevé colocarlas en una órbita geosincrónica a una distancia de 36.000 km de la superficie terrestre. La energía solar, en forma de irradiación de frecuencia superalta, la que prácticamente no es absorbida por la atmósfera ni por las nubes, llegará a una antena receptora de unos 20 km de diámetro.

Ya existen proyectos para crear tales centrales a fines de este siglo. Pero por el momento aquí hay grandes dificultades: no contamos con convertidores de energía solar en eléctrica suficientemente baratos y eficaces y es aún muy alto el precio del transporte de cargas a una órbita geosincrónica; también es grande el peligro de un influjo nocivo sobre el medio con el agudo incremento del torrente de cargas enviadas al espacio (para construir una heliocentral espacial de 10.000 MW, la masa total de los cohetes en el punto de arranque sumará, según las estimaciones actuales, aproximadamente, 10 millones de t).

También se piensa utilizar en calidad de una posible base para las heliocentrales cósmicas dispositivos que directamente convierten la radiación solar en la de láser.

En la cuarta etapa, además, probablemente se recurrirá a centrales termonucleares espaciales, y es posible que aparezcan propulsores termonucleares de cohetes, que proporcionarán a las naves espaciales velocidades de 1 al 10 % de la de la luz. Una nave así podrá llegar a Marte en una semana.

En la quinta etapa (2050—-2120) se desplegarán los trabajos para desviar al espacio el calor excesivo de ciertas zonas de la Tierra. Se podrá utilizar para ello pantallas de películas reflectoras de la irradiación solar (en dirección «desde la Tierra»), con un área de centenares de kilómetros cuadrados, sostenidas en órbitas circunterrestres por propulsores eléctricos coheteriles. Con ayuda de medios espaciales será posible dirigir localmente el tiempo, es decir, prevenir los huracanes, las sequías y las heladas.

La sexta etapa (2120—2180) incluirá la duradera epopeya de la asimilación industrial de la Luna, donde hay materias primas necesarias para crear un complejo energético productivo (silicio, oxígeno, aluminio, hierro, níquel, circonio, tungsteno, uranio, plomo, oro . . .). Además, cabe señalar que el envío de los materiales a la órbita desde la Luna es mucho más barato que desde la Tierra y no amenaza con nada a la ecología de nuestro planeta.

En esta etapa podremos crear materiales que posean la dureza del acero y sean livianos como el plástico, lo que nos permitirá construir un sistema nuevo de transporte de cargas al cosmos: el ascensor espacial del que escribió en su época Konstantín Tsiolkovski. Es probable que una construcción así aparezca primeramente en la Luna.

En la séptima etapa (2180—2300), se pasará a la ecoindustria cósmica, a una satisfacción completa de las demandas energéticas y materiales de la civilización en el contexto de la existencia de un equilibrio con el medio, comprendido el espacio circunterrestre. Se plasmarán las ideas de Vernadski sobre la geotecnología, o sea, del restablecimiento de las reservas de algunos minerales, El complejo energético-informativo cósmico creado en esta etapa permitirá también solucionar una tarea gigantesca: la dirección global del tiempo.

Cuanto más alejado es el pronóstico tanto menor exactitud tiene. Sin embargo, podemos prever que la formación en la etapas 5-7 de una infraestructura energética o informativa circunterrestre única, en la que estará comprendida la Luna, creará premisas para asimilar gradualmente las corrientes energéticas afines a las que llegan a la Terra desde el Sol. Para eso tendremos que construir en órbitas circunterrestres y circunlunares una ramificada red de complejos energoindustriales. De ello la humanidad se ocupará en la octava etapa (2300—2400).

El consumo de los recursos naturales inorgánicos hoy asciende a unos 10 mil millones de t al año. En su transformación gastamos cerca de un tercio de toda la energía generada anualmente en la Tierra. Y como las reservas de las materias primas inorgánicas son limitadas en nuestro planeta, surgirá la necesidad de aprovechar después de la Luna la materia de otros cuerpos celestes, como, por ejemplo, los asteroides, transportándolos a órbitas circunterrestres convenientes; ello será posible en la novena etapa (2400—2500); luego vendrá la asimilación de los planetas, en primer turno de Venus y Marte, o sea, la décima etapa (2500—2700).

Para penetrar más lejos en el futuro debemos recurrir a nuestra fantasía, pero sin permitir que desborde las nociones científicas de hoy. Lo más difícil es trazar las perspectivas de la industrialización cósmica vinculadas con aquellos descubrimientos de carácter fundamental que por ahora solo pronostican. Personalmente opino que tales descubrimientos no dejarán de producirse en el próximo milenio, por lo cual vinculo la posibilidad de su utilización en la onceava etapa (2700—2800). Además, podemos imaginamos algo más concreto. Por ejemplo, algunos teóricos opinan que en los alrededores del Sistema Solar puede existir un agujero negro con la masa de un planeta pequeño. Semejante objeto astrofísico debe tener dimensiones microscópicas y si se logra detectarlo ¿por qué no utilizarlo para generar energía? Los detalles técnicos de este proyecto por el momento son imposibles de pronosticar, de modo que solo debemos limitamos a ideas generales.

Posibilidades verdaderamente extraordinarias están vinculadas con algunos efectos hipotéticos de la teoría de la relatividad, esfera de la etapa duodécima (2800—3000). Quisiera aducir a guisa de ejemplo la hipótesis del académico Márkov sobre la macro-microsimetría de nuestro mundo, según la cual pueden existir otros universos, percibidos por un observador externo como las micropartículas (friedmones).

Pues bien, acabamos de darle a conocer el pronóstico de la asimilación industrial del espacio a largo plazo —hasta dentro de 1.000 años—, que fue elaborado con ayuda de los métodos de pronóstico más modernos y basándose en las tendencias actuales del fomento de la ciencia y la técnica. Existe la posibilidad de precisar este pronóstico examinando no solo las perspectivas de la astronáutica, sino también las del desarrollo de la civilización en general. Naturalmente, ello tendría que ser tema de otra investigación, especial y nada sencilla.

¿Pero qué es lo que más necesitamos para poder cumplir el programa mencionado? La respuesta es evidente: 1.000 años de paz.

De de la revista.

NAUKA I ZHIZN.

 

UN COHETE SUBTERRANEO PARA PERFORACION

Especialistas soviéticos probaron un cohete subterráneo, que funciona con combustible líquido, capaz de perforar un pozo de 0,5 m de diámetro y 10 m de profundidad.
Los cálculos muestran que tales naves subterráneas, que se abren camino en las rocas con chorros de plasma calentado o con láser, podrán desplazarse a una velocidad de 50 km/h. Con el tiempo tales cohetes se emplearán para abrir pozos superprofundos.
Los cohetes subterráneos con mando automático en el futuro serán utilizados para abrir pozos de más de 30 km de profundidad, cosa imposible de realizar con las perforadoras de hoy.

Del boletín de la APN SOVIETSKAYA PANORAMA

 


Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 04. Abril de 1986, Págs: de la 41 a la 45.

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