Revista Sputnik

Este blog está dedicado a la desaparecida revista soviética Sputnik.

CREO SOLO A MIS OJOS (por Ants Saar)

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 09. Septiembre de 1985, Págs: 28,29,30,31.

El sobre estaba sellado en California; el remitente era Barbara Elsman, que vivía en Lombard Street, en San Francisco. Entre mis conocidas no hay ninguna Barbara, pero no cabían dudas de que yo era el destinatario: la dirección era la mía e incluso habían puesto mi patronímico, aunque entre los estonios no lo utilizamos.

    El sobre no contenía ninguna carta, sino un número –bastante viejo– de un periódico en ruso, que se publica en el extranjero en un papel finísimo. Además, habían agregado algunas hojas del calendario eclesiástico.

   Habitualmente, los autores de las cartas que recibo me hablan de su vida y me preguntan sobre la mía. La desconocida Barbara tenía otro propósito; concretamente, explicarme lo mala que era mi vida: en la última página del periódico se informaba que en Tallinn unos manifestantes habían exigido mejorar su alimentación y la calefacción de los apartamentos, y que en la Ciudad Alta a menudo ondean las banderas azul-negro-blancas de la Estonia burguesa.

    Lo que el autor no tomó en consideración es que yo vivo en Tallinn, y las ventanas de mi apartamento dan a la Ciudad Alta. Así es que podría suministrarles a los periodicuchos de la emigración información mucho más veraz sobre lo que ocurre bajo mis ventanas. Sí, he visto a gente bajo ellas marchar: un día fueron los pioneros que desfilaron hasta la plaza de la Victoria; otro, los futuros universitarios, que, cogidos de las manos, recorrieron en alegre cadena las calles de la capital estonia, cumpliendo con una vieja tradición estudiantil; en honor de los Días de la Ciudad Vieja, durante toda una semana aquí se oye a gente que canta y música de orquestas; y en los días festivos, bajo mis ventanas se reúne tanta gente que me es difícil sacar mi coche. A propósito, este año, en general, es de fiesta, pues celebramos el 45 aniversario del restablecimiento del Poder Soviético en Estonia.

    Claro que todo esto difícilmente interesará a Barbara. Esta gente tiene otra tarea: «abrirnos» los ojos. Con sus envíos nos dicen: «No crean a su ojos, escuchen lo que les decimos nosotros, lean lo que escribimos».

    En los años de la posguerra, los diarios y emisoras reaccionarios afirmaban que en Estonia ya no quedaba ningún estonio pues a todos los habían deportado a Siberia; que el arte estonio, así como nuestra literatura y cultura habían sido liquidados; que en Estonia vivían solo rusos y representantes de otras nacionalidades.

    No obstante, al poco tiempo, la información acerca del florecimiento de la cultura estonia llegó al extranjero. Los teatros, conjuntos y solistas estonios actuaron con éxito en todos los continentes, a excepción de la Antártida. Pero incluso allí llegó nuestro escritor Juhan Smuul; y su Libro de hielo luego se vendió en numerosos países. Entonces, en el extranjero, lejos de turbarse, hicieron un nuevo «descubrimiento»: la original y elevada cultura estonia se ha desarrollado tan rápidamente en la posguerra, que ha surgido la imperiosa necesidad de defenderla de . . .  la rusificación.

    ¿Pero dónde está la lógica, señores? Si, como ustedes afirman, en nuestra república no ha quedado ningún estonio, entonces, quiere decir que quienes han creado esta original cultura estonia son los no estonios. ¿Por qué defenderla de ellos entonces?

    La misma metamorfosis tuvo lugar con respecto a la literatura estonia soviética. No hace mucho los políticos emigrantes estonios exclamaban: «En Estonia soviética no hay ni puede haber literatura estonia; ésta puede desarrollarse solo en un mundo libre». Hoy han lanzado la consigna de «una literatura estonia única», lo que en la práctica significaría el reconocimiento de las memorias de los mercenarios estonios fascistas y las novelas que describen la «heroica» lucha de los estonios que combatieron en las filas del ejército nazi. No, señores, permítasenos rechazar vuestro «regalo».

    ¿Pero qué son los emigrantes o la tal Barbara Elsman, comparados con el Secretario de Estado de EE.UU. George Schultz, quien me expresó su compasión por estar «privado de la libertad y los derechos humanos»? Sí, sí; lo hizo en su mensaje al señor Jaakson, «cónsul general de la República de Estonia». ¡Extraño cargo este de cónsul general de un Estado inexistente!

    En los últimos años, en las páginas de los diarios emigrantes regularmente aparecen saludos, mensajes y fotos del presidente de EE.UU. Ya estrecha la mano de Valdis Pavlovski, presidente del Consejo de Estados Libres del Báltico ya aparece como organizador de un «espectáculo» denominado «Día de Libertad del Cisbáltico» . . .  Y no cesa de expresamos su compasión.

    Comprendo por qué los dirigentes de las distintas uniones estonias, letonas y lituanas de emigrados padecen de falta de lógica. Pero es mucho más peligroso cuando esta traiciona a los estadistas.

    Cuando el Comité Olímpico de la URSS declaró que los deportistas soviéticos no podrían participar en los Juegos de Los Angeles, los círculos oficiales de EE.UU. intentaron convencernos de que las organizaciones reaccionarias antisoviéticas, que también se preparaban a su modo para esa Olimpiada, no tenían nada que ver con las autoridades norteamericanas.

    ¿Pero quién, entonces, jugó una mala pasada al presidente de EE.UU. y envió en su nombre un saludo al Consejo de Estados Libres del Báltico? ¿Y cómo explicar, por una parte, el haber renegado de las organizaciones emigrantes y, por otra, el que Elliot Abrams, asesor del Secretario de Estado, haya declarado que las puertas del Departamento de Estado siempre estarían abiertas para el Consejo mencionado y que «la Casa Blanca sigue su actividad con gran simpatía y la apoya»?

No es casual, pues, que últimamente se haya animado la actividad de diversas organizaciones y periódicos emigrantes reaccionarios. Aparecen nuevos «luchadores por la libertad» del pueblo estonio; se redactan nuevos programas de subversiones ideológicas; crece el número de mensajes a los estonios y a los pueblos de otras repúblicas del Báltico, en los cuales se esfuerzan por demostramos lo mal que vivimos, Y siempre olvidan una «futilidad»: el hecho de que los destinatarios viven en Tallinn, Riga o Vilna.

    En la hojita del calendario eclesiástico que recibí de Barbara, entre otras cosas leí el siguiente dicho sabio: «. . . La tontería es la madre de los crímenes». Por eso mismo quisiera que todos nuestros «defensores» comprendan la diferencia existente entre las nociones «establecimiento» y «restablecimiento». En 1917 en Estonia se estableció el Poder Soviético, que fue ahogado en sangre con ayuda de las armas y los soldados de Gran Bretaña y otras potencias imperialistas. Un importante papel desempeñó en ello la ayuda económica que EE.UU. prestó a los círculos reaccionarios de Estonia. Y en julio de 1940 los trabajadores estonios restablecieron el Poder Soviético. El conocimiento de solo este hecho de nuestra historia pondría muchas cosas en su lugar, como, por ejemplo, el problema del reconocimiento o no reconocimiento de los países cisbálticos. Aunque, hablando con honradez, nosotros, los «no reconocidos» y a quienes se nos tilda de «pueblo subyugado», hemos vivido estos 45 años mucho mejor que aquellos 20 años en que también yo tuve que vivir en la Estonia burguesa, la cual sí era reconocida por EE.UU.

    Intentar que el pueblo estonio de nuevo tenga miedo del mañana, intentar condenar a nuestra juventud al analfabetismo y al desempleo no es sino una burda tontería. Y como dice esa hoja de calendario, de ella nace el crimen.

    Pero con una parte del mensaje de Schultz estoy completamente de acuerdo: «. . . Apoyamos el derecho de ellos (es decir, de los pueblos cisbálticos. – A.S.) a determinar su propio destino, sin injerencia ajena». ¡ Justas  palabras ! Solo queda cumplirlas . . .

Tomado de la revista Sputnik, Selecciones de La Prensa Soviética, Número 09. Septiembre de 1985, Págs: 28,29,30,31.

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